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Ataques de pánico

Un ataque de pánico es una oleada de miedo intenso que aparece de forma repentina, a veces sin ningún desencadenante claro, y que se acompaña de síntomas físicos tan fuertes —palpitaciones, falta de aire, mareo, sensación de estar fuera de la realidad— que muchas personas llegan a pensar que están sufriendo un problema cardíaco o que están perdiendo el control.

Lo que distingue al trastorno de pánico no es solo haber vivido un episodio así, sino el miedo constante a que se repita, un miedo que puede llevar a evitar lugares o situaciones por si acaso. Esa anticipación termina pesando tanto como los propios episodios.

La buena noticia es que es uno de los cuadros de ansiedad que mejor responde al tratamiento psicológico: la terapia cognitivo-conductual ayuda a identificar los pensamientos que alimentan el miedo y, mediante una exposición gradual a las sensaciones físicas que tanto asustan, enseña que esas sensaciones, aunque intensas, no son peligrosas. Cuidar la respiración, moderar la cafeína, mantener el cuerpo activo y no aislarse socialmente son apoyos que suman en el proceso.

Si has vivido algo parecido a esto, no estás exagerando ni estás solo: buscar ayuda profesional es el primer paso para que el miedo deje de decidir por ti.