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Cómo afecta el apagón en nuestra mente

El 28 de abril de 2025 muchas personas vivieron, de golpe, un día sin luz, sin cobertura y sin la sensación de tener el control de nada. Aunque la corriente volvió en pocas horas, la experiencia dejó huella: cuando el entorno se vuelve impredecible, la mente reacciona como está programada para hacerlo, activando un modo de alerta que no elegimos conscientemente.

Ese estado de alarma trae consigo ansiedad, miedo, tensión física, sensación de vulnerabilidad y, a veces, frustración o enfado. No son fallos ni debilidad: son mecanismos de defensa muy antiguos que se disparan cuando el cerebro pierde sus referencias habituales y no sabe cuánto va a durar la situación ni cómo va a resolverse. Curiosamente, no es tanto la oscuridad lo que angustia como el no saber.

Por eso, ante una crisis así, ayuda permitirse sentir lo que se siente sin negarlo, anclarse en lo inmediato con la respiración o pequeñas tareas concretas, mantener el contacto humano aunque sea sin tecnología, y dosificar la información en lugar de consumirla sin parar.

Aprender a sostener la incertidumbre no sirve solo para un apagón: es una forma de fortalecer la mente para cualquier imprevisto que la vida traiga.